Daniel Accornero Directo desde San Pablo, Brasil Un verdadero papelón fue el (des)trato que sufrieron los trabajarores de prensa argentinos en el Pacaembú. Desde el inicio todo estuvo mal barajado. Primero, con la falta de comunicación para el tema de las acreditaciones para poder presenciar la final. Que había que tramitarla por un lado, que había que hacerlo por el otro. Todo, sin una confirmación desde Brasil de que el trámite estaba completo.
Alrededor de 150 periodistas llegaron a San Pablo. Cuando arribaron al estadio, los medios que solicitaron tres credenciales, apenas recibieron una. Y así con todos. El resto, con entradas de Corinthians, sin saber dónde se iban a ubicar.
La "sala de prensa" fue improvisada en la cancha de básquet del Pacaembú. Nadie de prensa del Corinthians se acercó a solucionar los problemas que se generaban. El wifi brilló por su ausencia, y los toma corrientes no funcionaban para enchufar las notebooks.
Encima el lugar era el paso de los hinchas del Timao a una de las plateas. Los insultos a los periodistas argentinos se sucedieron durante toda la cobertura.
Otro desliz de la organización fue la ubicación dentro del estadio. Este periodista de Terra se ubicó desde las 16 en una de las plateas, junto a colegas brasileños. Alrededor de las 18, la Policía, al constatar de que era argentino, procedió de mala manera a retirarlo y ubicarlo con el resto de los colegas nacionales.
Muchos de los enviados de los medios gráficos fueron ubicados en una cabina pequeña y de vidrios polarizados, muy oscuros, que dificultan una buena visión de las acciones del encuentro.
Una vez individualizados, los hinchas comenzaron a golpear los vidrios, que estuvieron varias veces a punto de estallar. La violencia fue en aumento.
Al término del partido tuvieron que esperar hasta las 2 de la mañana para poder salir, todos en fila, custodiados mínimamente por la Policía, y en medio de los insultos y salivazos de los corinthianos.
Brasil será sede del Mundial dentro de dos años. Tiene que aprender de los errores cometidos anoche en una final de Copa Libertadores para no repetirlos en el máximo acontecimiento futbolístico. Importante tarea para los organizadores.